Cristo vino como el SUMO SACERDOTE que nos
consigue los nuevos dones de Dios, y entró en un
santuario más noble y más perfecto, no hecho por
hombres, es decir, que no es algo creado. Y no fue la
sangre de chivos o de novillos la que le abrió el
santuario, sino su propia SANGRE.
(Heb
9. 11-12).
Así, pues, hermanos, no podemos
dudar de que
entraremos en el SANTUARIO en virtud de le sangre
de Jesus; El nos abrió ese camino nuevo y vivo a través
de la cortina, es decir, su carne. Teniendo un
SACERDOTE excepcional a cargo de la CASA DE DIOS.
(Heb 10.
19-20).
Después de
esto volveré y construiré de nuevo la choza
(tabernáculo) caida de David. Reconstruiré sus ruinas y
la volveré a levantar, para que el resto de los hombres
busque al Señor: todas esas naciones sobre las
cuales ha sido INVOCADA MI NOMBRE.
Así lo dice el Señor, que hoy realiza lo que tenía
preperado desde siempre.
(He 15. 16, 17).